- Un acto solidario implica tres pasos fundamentales: ver al otro, conmoverse con él y como consecuencia de ello actuar.
- Propicia la cultura del amor, es decir, la empatía, el ponerse en el lugar del otro, y desde allí le acoge y acompaña.
- Favorece los actos de gratuidad por sobre los de transacción, es decir, privilegia la entrega libre y desinteresada.
- Incentiva el concepto transversal de solidaridad, donde todos somos sujeto y parte del acto solidario.
- Comprende que el dar no puede reducirse sólo a una entrega material de dinero, sino que es más amplio e implica prioritariamente una actitud, tras la cual podemos entregar tiempo, cariño, compañía, trabajo, oportunidades, atención y, sin duda también, dinero.
- Reconoce que tras la dignidad de toda persona humana se guarda un potencial único y sagrado. Es por ello que una cultura solidaria incentiva la generación de oportunidades por sobre el asistencialismo.
- Entiende que los grandes desafíos se enfrentan con excelencia en el trabajo individual y cohesión en el trabajo colectivo.
- Una cultura solidaria propicia el encuentro entre las personas y organizaciones, pues asume que las realidades diferentes ofrecen a la sociedad la riqueza de la diversidad.

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